lunes, 28 de abril de 2008

Rosquillos


Otro dulce típico de la Semana Santa en mi pueblo son los rosquillos. Es quizá ésta una de las recetas que más se hace a lo largo y ancho de todo el país, y en cada casa hay una receta diferente y particular con un resultado siempre excelente.

En casa siempre se fríen primero las tortillas y después, en el mismo aceite se hacen los rosquillos; ha de ser en este orden ya que estos oscurecen, endulzan y dan sabor al aceite. El que nos sobre de la fritura lo podemos reutilizar para bizcochos y demás preparaciones dulces.

Rosquillos

- 6 huevos
- 18 cucharadas de azúcar
- 24 cucharadas de aceite de oliva frito y frío
- 3 sobres dobles de gasificante
- 1/2 sobre de levadura en polvo
- la piel de dos limones rallada
- un chorrito de anís (opcional)
- harina de repostería (la que pida)
-abundante aceite de oliva para freír
- azúcar y canela molida para rebozar los rosquillos

Batir los huevos con el azúcar, el aceite, la piel de limón y el anís hasta que se haya disuelto el azúcar en un recipiente grande y ancho (una ensaladera, un balde, etc).
Tamizar sobre este recipiente un vaso de harina con la levadura y el gasificante e ir añadiendo harina a poquitos incorporándola bien a la mezcla de huevos, pero sin batir demasiado.
Cuando ya tengamos una masa consistente pero que aún se pegue a las manos, enharinamos una superficie plana y sacamos la masa del recipiente.
Amasar ligeramente espolvoreando constantemente con harina hasta que la masa sea lisa y no se nos pegue ya a las manos.
Poner a calentar el aceite en una sartén honda.


Cuando esté caliente pero sin que humee, coger porciones de masa y dar forma de rosquillos. Freír en el aceite a temperatura constante.
Mezclar canela molida y azúcar en un plato hondo.
Cuando los rosquillos estén dorados y hechos por dentro, se sacan de la sartén, se dejan escurrir sobre papel absorbente y se pasan por el azúcar y la canela.
Una vez que estén fríos, se guardan bien tapados para que no se endurezcan. Duran muchísimo y aunque se queden ligeramente tiesecillos, al mojarlos en leche, te o café vuelven esponjarse y ser deliciosos.

Consejos:

Uno de los secretos de los rosquillos es su fritura: la temperatura del aceite no debe ser ni muy alta (pues este acabaría por quemarse y ser indigesto y nocivo para la salud; además estos dulces se quemarán por fuera y la masa seguirá cruda por dentro) ni muy baja para que los rosquillos no se "empachen" de aceite.
Para saber si la temperatura es la ideal debemos fijarnos que al introducir un rosquillo en la sartén, burbujee hinchándose y suba a la superficie al freírse.
Una vez que estén hechos por dentro es mejor sacarlos, ya que quedarán menos tiernos cuanto más tiempo permanezcan en la sartén.

viernes, 11 de abril de 2008

¡Que se casa la del triciclo!

Y la del sombrerete descuidará el blog por esa razón unos cuantos días...

P. D: si, era un triciclo chopper.

domingo, 6 de abril de 2008

Cocina fácil para Diana: pastel de berenjenas

Este pastel es fácil y muy rico. La única "complicación" es hacer la salsa bechamel, aunque puede ser sustituída por una ya preparada.
Aquí teneis una ayudita del blog "Directo al paladar" para hacer una bechamel profesional.




Pastel de berenjenas (2 personas)

- 2-3 berenjenas medianas
- 150g de fiambre de pechuga de pavo en lonchas
- 5o g de queso con sabor
- sal
- aceite de oliva virgen extra español

Para la bechamel:

- 400ml de leche
- 40g de mantequilla
- 1/2 cebolla pequeña picada muy fina
- 50g de harina de harina (2 cucharadas colmadas)
- 1 cucharadita rasa de sal
-1 pizca de nuez moscada

Quitar los extremos de las berenjenas y cortarlas en láminas de 1-2 cm:

También pueden cortarse en rodajas si nos es más fácil.
Salar ligeramente por ambas caras y dejarlas reposar.
Mientras, precalentar el horno a 180ºC con calor por arriba y abajo.


Para la salsa bechamel:
Calentamos en el microondas la leche.
Ponemos en una sartén o cazo hondo la mantequilla. La fundimos y añadimos la cebolla con la sal y a fuego suave la pochamos 10 minutos sin que coja color, o hasta que esté blandita y transparente.

Añadimos la harina a la mantequilla con la cebolla y sofreímos 5 minutos a fuego muy bajo sin dejar de remover hasta que la harina tenga color dorado (pero nunca marrón, porque eso significaría que se ha quemado).
A continuación añadimos la leche caliente din dejar de remover con unas varillas (las venden de silicona para no rayar sartenes antiadherentes).
A fuego medio movemos en circulos constantemente. Cuando comience a espesar, bajamos el fuego y cocinamos 10 minutos sin parar de remover. Probamos de sal y añadimos más si es necesario. Ponemos nuez moscada al gusto (tiene un sabor muy potente por lo que no hay que pasarse) y apartamos del fuego.

Forramos una bandeja de horno con papel de aluminio o de hornear y lo pintamos con aceite.
Secamos con papel de cocina las láminas de berenjena y las ponemos sobre la bandeja, pincelándolas con otro poco de aceite (si tenemos spray de aceite las pulverizamos ligeramente) Asamos las berenjenas 30 minutos a 180ºC.
Cuando estén asadas, las sacamos del horno, pero no apagamos éste.
Ponemos en el fondo de una fuente de horno (como la receta es para dos personas, debe ser de unos 20cmx25cm) dos cucharadas de bechamel.
Sobre esta y cubriendo toda la base ponemos unas láminas de berenjenas con cuidado de no quemarnos, porque estarán calientes, unas lonchas de fiambre de pechuga de pavo y 3 cucharadas de bechamel.
Cubrimos con otra capa de berenjena, fiambre y bechamel.

Ponemos la última capa de láminas de berenjena y la cubrimos con la bechamel restante. Rallamos el queso y lo espolvoreamos sobre la bechamel.
Metemos al horno a 180ºC media hora, y gratinamos los últimos 5 minutos si la superficie no está dorada.


Consejos:

-Las láminas de berenjena también pueden hacerse a la plancha, aunque es más rápido y cómodo asarlas en el horno.
- Antes de montar el pastel hay que calcular más o menos cuantas láminas de berenjenas hay que poner en cada capa para que luego no nos falten ni sobre. Lo mismo para las lonchas de pechuga de pavo.
- Ya que las berenjenas soltarán algo de jugo,para que no quede demasiado "caldoso" la bechamel debe quedar espesa.
- Las dimensiones de la fuente de horno son importantes, ya que si es demasiado grande no tendremos ingredientes suficientes para hacer tres capas.
- Si quedaran grumos en la bechamel podemos pasarla por la batidora y/o por un colador para dejarla uniforme.


miércoles, 2 de abril de 2008

Tortillas de semana santa


Todos los años para semana santa mi madre saca su barreño azul de amasar para preparar algunas recetas típicas de estas fechas.
Primero se hacen y fríen las tortillas, que no "ensucian" ni dejan sabor en el aceite y luego los rosquillos, que lo endulzan y oscurecen.
Esos días, las calles del pueblo huelen a aceite y leña ardiendo aunque cada vez menos, porque la gente ya no las hace en la lumbre sino en la cocina de gas o la vitro.
Estas tortillas se preparaban para los días de vigilia para tomarlas con chocolate de tableta o chocolate a la taza, y así, reblandecidas y jugosas recuerdan mucho en su sabor al de las porras y churros .
Me cuenta mi amiga Estrella que en su pueblo, Alcázar de San Juan, estas "tortas en sartén" se comen alrededor de las hogueras la víspera de las fiestas de San Antón y San Sebastián. Si alguna vez pasais por este pueblo, en su calle principal, "la Castelar", hay una tienda que las vende todo el año.

Tortillas de Semana Santa
-Por cada kilo de harina de panadero:

-20 g de sal

-1 taza de café llena de aceite de
oliva virgen extra español frito y frío
-Agua tibia (la que pida: primero añadimos un vaso de los de agua, y luego añadimos a poquitos) -Aceite de oliva virgen español para freír
-Un huevo pequeño (opcional)


En un barreño o recipiente amplio y limpio ponemos la harina. Hacemos un hueco en el centro y añadimos el aceite, el huevo (opcional) y el agua con la sal allí disuelta. Es conveniente echar el agua a poquitos para no ponerle de más. Mezclamos bien y cuando la masa comience a despegarse de las paredes de recipiente, pero no de las manos, enharinamos una mesa de trabajo y ponemos la masa en ella.


Amasamos como si fuera pan, hasta conseguir una masa lisa que no se pegue a las manos y sea elástica. Tapamos bien y dejamos reposar media hora.
Mientras, ponemos a calentar abundante aceite de oliva en una sartén honda.

Cuando la masa haya reposado, cogemos porciones del tamaño de una mandarina y primero amasamos en forma de bola. A continuación, la aplanamos dándole forma de disco (se puede hacer con un rodillo). Si la masa lleva demasiada harina estará dura y será muy difícil estirarla; por contra, si lleva poca harina, estará pegajosa y también será muy difícil estirarla pues se adherirá a todas partes.


El siguiente paso es el más complicado: consiste en estirar la masa hasta dejarla tan delgada que sea casi transparente.
Para ello, tradicionalmente, las mujeres se sentaban cerca de la lumbre y se ponían uno o varios paños limpios sobre la rodilla, colocando la masa sobre ésta. Con los dedos se estira delicadamente sin que que se rompan demasiado y se echa a la sartén con el ademán del que extiende una sánana o un paño sobre una superficie horizontal.

Se fríe por ambas caras sin dorarla demasiado. Se saca y se deja escurrir sin que se rompa.
Cuando esté fría, se apila junto las demás.


El resultado es una tortilla crujiente, llena de burbujitas, que se deshace en láminas y con un delicioso sabor a aceite de oliva.


En mi casa, hace años, se guardaban en "banastos" de mimbre, bien tapadas con paños limpios, para que no se endurecieran demasiado. Pero ahora, las guardamos en bolsas de plástico y en cajas de cartón, por lo que se ha perdido parte del encanto de ir a la despensa y verla llena de estos antiguos recipientes.
Este año no he podido estar allí (por un miserable día!!) mientras hacían las tortillas, así que nos hemos quedado sin reportaje fotográfico al amor de la lumbre. Cuando llegué a casa, me encontré ya la leña quemada, la sartén llena de aceite fuera del fogón y la despensa a rebosar de rosquillos y tortillas.

Como veis, estas tortillas son, al igual que gran parte de las recetas de cocina de la Mancha, muy sencillas. Simplemente con harina, sal y aceite de oliva se obtenía un alimento muy nutritivo y que alegraba aquellos días de semana santa en los que la España más profunda se teñía de luto, la radio y la tele enmudecían y el ayuno, la vigilia y las procesiones eran cumplidos a rajatabla.




Os dejo también la receta de Estrella, que es algo diferente a la de mi madre:

-1 kilo de harina
- 1taza de las de café de aceite,
- 1taza de vino blanco
- 1vaso de agua
- 1 sobre de levadura Royal
- 1 cucharadita de sal