El caldillo es la receta de los labradores por antonomasia; sus ingredientes procedían de las huertas familiares y ese era precisamente el secreto de su delicioso sabor: productos frescos de temporada cogidos directamente de las matas y cocinados con lumbre de sarmientos.
Se solía comer en vendimias y la mayor parte de las veces no incorporaba ningún tipo de carne ni ingrediente animal, ya que era un plato bastante humilde y de poca fiesta pero mucho trabajo.
A mi me encanta. De hecho, lo único bueno de las vendimias (20 días trabajando como una mula de 8 de la mañana a 7 de la tarde en la viña) eran los almuerzos (siempre a las 10 de la mañana) y las comidas, con su caldillo con pollo recién hecho y oliendo a leña y a gloria.
Me gusta(ba) tanto, que no me importaba comerlo todos los días (mi hermana que lo odia cordialmente, sabiendo siempre que era sota, caballo y rey, no podía evitar el gruñido diario de "jo, otra vez caldillo"); aparte de su rico sabor, he de decir que es un plato de cuchara reconfortante a pesar de que en algunas jornadas de vendimia las temperaturas sean las de un veranillo de San Miguel "sahariano". De vez en cuando, lo sustituíamos por arroz caldoso: los mismos ingredientes pero con arroz en lugar de patata.
Os pongo la receta que se ha hecho siempre en mi familia, , es decir, con pollo aunque también se puede hacer con magro de cerdo o cualquier otro ingrediente que nos apetezca.
Caldillo (4 personas)
-1/2 pollo en trozos pequeños
-1 puñado de judías verdes -1 pimiento verde o entreverado
-1/2 cebolla pequeña
-2 patatas medianas
-1 tomate bien rojo
-4 dientes de ajo
-1 punta de pimentón dulce
-2-3 ramas de hierbabuena (imprescindible!!)
-aceite de oliva virgen español
-agua
Se ponen en una sartén o cacerola amplia y algo honda 10 cucharadas de aceite de oliva. Se salan los trozos de pollo y se sofríen en el aceite a fuego medio-fuerte hasta que estén doraditos pero aún crudos por dentro (5-10 minutos).
Se corta la cebolla, el pimiento y las judías en trozos grandes (del tamaño de la cuchara con que se comerá) y se pelan los ajos. Se añade todo esto al pollo y se sofríe otros 10 minutos.
Se pelan las patatas y se hacen trozos del tamaño de un bocado. Se sofríen con el pollo y las verduras hasta que se doren un poco.
Se añade agua hasta que lo cubra todo y se pone el tomate lavado y entero con piel en el centro de la sartén o cazuela junto con la hierbabuena. Desde que eche a hervir, se deja media hora (más si nos gusta la patata deshecha) a fuego medio. En el último momento, romper el tomate aplastándolo contra el fondo o las paredes de la cazuela para que de color. Si es necesario se prueba para ver si hay que rectificar de sal el conjunto.
Debe estar caldoso, pero no en exceso para que no quede deslavazado. Si la patata es harinosa, se deshará algo, engordando el caldo, aunque hay gente que prefiere usar patatas más duras para que el caldo quede líquido y la patata entera.
A la hora de servir, se retira la hierbabuena y el tomate si no hay nadie a quien le guste éste último (que suele dar "vinagre", es decir, acidez a las personas de estómago flojo).
Tradicionalmente se comía directamente del perol sin usar platos. Cada comensal con su cuchara y su trozo de pan donde apoyarla se sentaba en el suelo o en asientos bajos alrededor de éste, poniendo un paño o servilleta en las rodillas para limpiarse (de ahí la acepción quinta de rodilla en la RAE).
Las buenas maneras dictan que cada cual come de su rodal, sin cogerle a nadie una tajada que parezca mejor o más sabrosa que las que le han tocado en su sitio. De la misma manera, es imperdonable y de mala educación "escarbar" en el perol o darle vueltas a los trozos y elegir el que más nos guste (atención, esto también valdría para cuando tomamos raciones en los bares...)
Tampoco es muy "polite" mojar sopas de pan en el caldo, ya que parte de la miga puede quedarse en el perol y darle un aspecto desagradable (por no decir que el pan que se usa haciendo las veces de plato se come a pequeños bocados acompañando la comida y es susceptible de contener alguna babilla...). Como mucho, se moja en nuestro rodal, procurando no dejar restos, y si no, nos esperamos a que la gente haya terminado para rebañar a gusto el perol.
En el caldillo de la foto yo usé pollo de corral de casa, lo que hizo que el caldo fuera más oscuro. Esta carne al ser más dura necesita mayor cocción, por lo que al añadir el agua aún no puse las patatas en la cazuela. Dejé cocer el pollo una hora y a continuación las añadí dejándolas cocer media hora.
En casa también se hace una variante con bacalao en lugar de pollo. Se tuesta una cola de bacalao en la lumbre, se raspa bien y se lava para eliminar la sal. Si hay chirlas o voladores o cualquier otro bicho marino, se añaden también y queda un caldillo "marinero" de rechupete.