lunes 18 de mayo de 2009

HEMC #33: tomates secos (pomodori secchi)

hemc 33 - piensa globalmente come localmente

Mi propuesta para el HEMC de este mes es la de secar tomates al sol.
Como ya dije en este post de tomates en conserva, hace años, cuando era impensable que se pudieran cultivar estas hortalizas en invierno o se pudieran transportar a cientos y miles de kilómetros, había que echar mano de las técnicas tradicionales de conservación de alimentos para poder disfrutar de este bien tan perecedero fuera de su temporada.
Las formas tradicionales de conservación de los tomates eran:
-en conserva al baño maría
-secándolos al sol
-en salmuera

En la actualidad, los tomates secados al sol son una delicatessen por la que nos cobran un ojo de la cara (cuando muchos de ellos ni siquiera son secados al sol, sino en hornos industriales) a la vez que no olvidamos de que no es un producto exclusivamente italiano, sino que en España tradicionalmente se secó en muchos hogares, siendo un alimento-condimento básico de las despensas invernales.

En la Mancha muchos platos típicos llevan este ingrediente, también denominado "cáscaras" (aunque según la RAE, en Murcia las cáscaras son los pimientos secos que se muelen para hacer pimentón) o "cascarillas" que se desecaban sobre gavillas de sarmientos.

Para obtener la máxima calidad hay que secar los tomates en su temporada, es decir, durante el verano, ya que se necesita un tiempo muy soleado y seco. Además, siguiendo el principio del HEMC de este mes, dejaremos menos "huella ecológica" si nos aseguramos de que no sólo estamos comprando tomates de temporada (criados y madurados al aire libre) sino que además están cultivados cerca de casa (y no se han hecho un viajecito de cientos de kilómetros para llegar a nuestra mesa). Si en verano estais o pasais por algún pueblo aún agrícola no dudeis en comprarlos en los mercadillos poniendo cara de experta y diciéndole a quien os los venda ¿Serán del terreno, no? ;-)
Tendreis que elegir tomates carnosos, muuuuuuuuuy maduros y aún firmes (pero que si caen al suelo se rompen haciendo "chof"). Como al secarse pierden toda su agua se reducen muchísimo en peso y en volumen, pensad cuantas unidades y no cuantos kilos de tomates secos quereis obtener (1 k de tomates secos se obtiene a partir de 18 k frescos).

En internet hay muchas maneras de hacer el proceso, pero yo os indicaré el que siempre se ha hecho en casa:
-Lavar y secar muy bien los tomates. Cortarlos por la mitad y si son muy gordotes, hacerles unos cortes en la pulpa (en casa ni les ponemos sal ni les quitamos las semillas)
-Ponerlos en una superficie de base bien aireada, tanto por arriba como por abajo: las parrillas del horno, una criba, un entramado separado de cañas, un marco de madera con una malla bien tensada, etc.

(Estos de la foto son los tomates de la huerta de casa; algunas matas daban frutos con el centro insípido, pálido y duro mientras que el resto de la pulpa tenía buen sabor. Hicimos la prueba y en conjunto mejoraron al secarlos al sol)
-Exponerlos boca arriba a la luz directa del sol el máximo de horas posibles. Si atrajeran moscas podeis hacerles una mosquitera para protejerlos (aunque no suele ser habitual). Por las noches ponedlos a cubierto, no sea que haya rocío y se rehumedezcan.

Al cabo de una semana de insolación tendrán este aspecto:



En este punto todavía les faltaría otros 4-7 días más, pues tienen que quedar con el aspecto de esta foto de abajo:


Así nos aseguramos de que al estar completamente secos no se pudrirán al meternos en una bolsa de plástico o tarro de cristal.

Estos tomates de aspecto tan mustio son realmente una bomba de sabor, puesto que con el proceso de secado su agua se evaporó concentrando unos sabores que ya de por si eran insuperables (porque eran tomates de temporada y del terreno!!) y aunque la diferencia entre el peso del producto de partida y el del resultado sea tan abismal, merece la pena puesto que será una conserva hecha en casa por nosotros y sin ningún añadido químico, donde hemos tenido que invertir tiempo y paciencia en lugar de (bastante) dinero para obtener un producto de calidad máxima.
Una vez bien sequitos y guardados en la despensa, podemos darles a los tomates los siguientes usos:

  • Tal cual, añadiéndolo a guisos para que se rehidraten y den sabor.
  • Ponerlos en aceite como los que suelen comprarse. Para ello, y aunque parezca una incongruencia, se rehidratan en agua templada (y vinagre, dependiendo si queremos darles un puntillo más ácido) hasta que adquieran el volumen deseado, se sacan sobre un paño limpio para que escurran (boca abajo y sin estrujarlos!) y se van disponiendo en un tarro de cristal bien limpio (mejor si está esterilizado) con los aliños que más nos gusten: un poco de sal, dientes de ajos pelados y enteros, hierbas aromáticas secas, especias, etc. Se cubren entonces con un buen aceite de oliva, se tapan y se dejan reposar al menos una semana antes de consumirlos.Los de la foto, aunque no se vean muy bien, llevan sal, ajo y romero.
  • Rehidratándolos en agua muy caliente y separando la pulpa de la piel con una cucharilla para añadirla a cualquier plato (es un concentrado de tomate sabrosísimo!!)
  • Moliéndolos en un robot de cocina hasta reducirlos a polvo (con o sin ayuda de sal gruesa, dependiendo de la capacidad de molido de vuestro cacharro) para incorporarlo a cualquier receta como panes, galletitas y bizcochos salados, salsas, pestos, patés de queso o lo que se os ocurra.
En la red también se encuentran recetas de tomates secados en el horno, pero hemos de tener en cuenta que para ello habrá que tenerlo encendido más de 24 horas y el resultado no será tan bueno como al sol y ni tan barato (por no hablar de la pedazo huella ecológica de consumir electricidad cuando se pueden usar los rayos solares).

Así que por la primerísima calidad del producto resultante (recordad que muchos tomates secos comprados ni son de temporada ni están secados al sol ni están libres de productos o aditivos que favorezcan la deshidratación en hornos industriales), por su reducido precio y por un consumo responsable y regional comprad este verano todos los tomates cultivados en vuestros pueblos que podais para secarlos al sol y tener en la despensa este magnífico colorante y saborizante natural hecho en casa.

miércoles 29 de abril de 2009

"Intertextualizando"

Hay personas que intertextualizan, es decir, copian de mala manera texto y fotos de las recetas de otros. Yo hoy he descubierto que tengo mi propio/a intertextualizador gracias a un comentario anónimo.

Esta era mi receta de rosquillos y esta es la que ha publicado "La cocina de la Janda" con su particular manera de "rendir homenaje a nuestras madres y abuelas que nos fueron metiendo por el camino de la comida de verdad,la que ha echo de nuestra gastronomia un referente mundial."

Gracias a la persona que me ha avisado de ello. Gracias a los que seguís visitando este blog y agradeciendo mi trabajo con vuestros comentarios.
Y a "Cocina de la Janda" sólo decirle que por favor rectifique su entrada de los rosquillos y que me "devuelva" mi foto, mi receta y mi texto.
Un saludo, gentes de bien.

¡Noticias de última hora!
La entrada de los rosquillos intertextualizados ha desaparecido de "La cocina de la Janda" y entiendo que eso ha sido un gesto de buena voluntad por tanto ya no tengo más que decir, tan sólo dar las gracias. Un saludo.

miércoles 22 de abril de 2009

Caldereta (sin lumbre)


Aunque ya publiqué una receta de caldereta de cordero aquí, que estaba cocinada con lumbre, ahora toca la versión "en la cocina de casa", es decir, con cocina de gas o vitrocerámica.

En este caso partimos de una receta con unos ingredientes tan básicos como:

-1 k de carne cortada en cubos (yo usé ternera magra para guisar aunque también puede ser cordero o cerdo)
-2 hojas de laurel
-4 granos de pimienta negra
-8 dientes de ajo sin pelar
-1 pimiento rojo seco (tipo ñora, del cristal o chorrón)
-Vino blanco
-Aceite de oliva virgen extra
-Sal
-Agua

La caldereta se cocina "en crudo", es decir, no se sofríen previamente los ingredientes, sino que se cuecen. Para que quede como carne con salsa y no hervida como en cocido, hay que ponerle la cantidad justa de agua y cocinar a fuego muy lento para que quede tierna, jugosa (cuanto más gelatinosa sea la carne, mejor) y "caramelizada" en su propio jugo de cocción.

Elegimos una cacerola amplia (preferiblemente antiadherente) donde quepa la carne en una sola capa o dos como máximo.
Ponemos la cantidad suficiente de aceite para que cubra la base de la cazuela (pero sin que la "balsa" llegue al medio centímetro de profundidad).
Introducimos dentro de ella la carne con el laurel, los granos de pimienta, el pimiento abierto y sin semillas y los dientes de ajos sin pelar (enteros, ligeramente aplastados o cortados transversamente por la mitad).
Añadimos sal al gusto y ponemos agua y vino suficientes para que la carne quede ligeramente cubierta. La proporción será 1 parte de vino por dos de agua y si se quiere un sabor más intenso y ácido, ponemos mitad y mitad de cada líquido.
Ponemos la cacerola a fuego fuerte y cuando comience a hervir, retiramos la espuma y bajamos el fuego completamente. Tapamos y cocemos al mínimo durante al menos 1 hora y media. Pasado este tiempo, comprobamos que la carne esté tierna y si es así, restregamos el pimiento rojo por las paredes de la cacerola para que de más color a la caldereta y seguimos cociendo destapada hasta que la salsa se espese y quede como en la foto:


Sacamos del fuego y servimos, "limpiando" bien la salsa de las paredes de la cacerola con una lengua de silicona.

Si vemos que el líquido se evapora demasiado rápido (hay mínimos en cocinas que realmente no lo son) y la salsa se ha trabado antes de que la carne esté tierna y gelatinosa, añadimos poco a poco agua y vino hirviendo.
Si por contra añadimos demasiado líquido, para cuando la salsa se haya trabado la carne se habrá quedado seca, por lo que es mejor quedarnos cortos e ir incorporando agua y vino poco a poco.

Como veis, es una receta muy sencilla. Además, os aseguro que el sabor es concentrado y potente, tan fantástico como todo lo que se cocina a fuego lento.